Desde hace décadas que las ciencias médicas se han empeñado en atacar al colesterol. En este aspecto, demasiadas veces más por sumarse a la horda de atacantes que por verdaderos fundamentos desde algún costado de la evidencia científica.

Las estatinas (EST) forman parte de las sustancias fabricadas para controlar las dislipemias, y todo pareciera indicar que ellas cumplen debidamente con ese objetivo. De lo que no se habla, sin embargo, es que así como ayudan en algunos aspectos, en territorios del tejido muscular no están para beneficiar sino más bien para perjudicar, como se verá enseguida.

En general y según se afirma, las estatinas son bien toleradas, pero hay buena demostración de que ellas pueden producir una variedad de reacciones adversas asociadas al músculo esquelético, que van desde las mialgias hasta el daño de los miocitos y, en casos extremos, a la rabdomiólisis grave (Thompson P.D., Clarkson P., Karas R.H. Statin-associated myopathy. JAMA. 2003). Respecto a esto último, y aun admitiendo que no es frecuente que ciertos eventos como la rotura fibrilar extrema acontezca, tal como se ve en la rabdomiólisis por consumo de EST, no menos cierto es que el daño existe y tiene consecuencias (Mosshammer D, et al. Statin use and its association with musculoskeletal symptoms-025EFa cross-sectional study in primary care settings. Fam Pract. 2009).

La venta de drogas hipolipemiantes es un enorme negocio y para vender más de estas, solo hay que bajarle el límite “de riesgo” al colesterol circulante en sangre. De facto, hay mucha evidencia de ello al punto que no son pocos los trabajos que cuestionan fuertemente a los valores que se han impuesto para que cada vez se busque que el colesterol esté en “rangos aceptables”, a sabiendas que cómodamente muchísima gente estará fácilmente “border line” o por arriba de ello. La década del ´80 del siglo pasado ha sido quizás la que dio rienda suelta a este ataque al colesterol y la manera de combatirlo “más simple y eficaz” haya sido justamente la prescripción de estatinas. Un ejemplo de ello es lo que informa Staffa y colegas, quienes advierten que las EST se encuentran entre los medicamentos indicados con más frecuencia en los países desarrollados, con casi 500 millones de recetas a partir de 2001 (Staffa J.A., Chang J., Green L. Cerivastatin and reports of fatal rhabdomyolysis. N. Engl. J. Med 2002).

Distintos investigadores han pesquisado sobre las miopatías asociadas a las EST, las que se manifiestan especialmente con dolor muscular, calambres, debilidad, incapacidad, etc. Sobre ello, hay información de que las estatinas son un mediador del daño muscular, fundándose esta afirmación en lo siguiente. Las EST inducen la expresión de atrogina-1, siendo esta un componente del sistema ubiquitina-proteasoma, estructura que favorece la señalización y degradación de proteínas celulares. De esta manera, se piensa que estas drogas favorecen la ruptura miocítica y generan la secuencia de miopatías que se reconocen asociadas a su consumo.

Los síntomas musculares vinculados con EST son de tal importancia que, según se afirma, ellos probablemente contribuyen a las muy altas tasas de interrupción del tratamiento, el que alcanza hasta un 75% dentro de los 2 años de haberse iniciado (Chodick et al. Long-term persistence with statin treatment in a not-for-profit health maintenance organization: a population-based retrospective cohort study in Israel. Clin Ther 2008).

Al analizar concretamente a los tipos de ejercicios musculares y el consumo de EST, ciertas investigaciones al menos dejan datos que se aprecian como de relevancia para analizar cuál puede ser el mejor a indicar en las poblaciones que deben ser acompañados de tratamientos con EST. Al respecto, Phillips y colegas examinaron la asociación de EST y fuerza muscular, notando reducciones de entre un 10 y un 40% en la fuerza de abducción de cadera (Phillips PS, et al. Statin-associated myopathy with normal creatine kinase levels. Ann Intern Med. 2002).

En otro estudio llevado a cabo por Scott y su equipo, se examinó el efecto de la terapia con EST sobre la función muscular, la masa muscular y el riesgo de caídas en 774 individuos, de 50-79 años. Los autores comunicaron que los individuos tratados con EST tuvieron una fuerza media significativamente menor a los 2.6 años de seguimiento respecto de los que no la consumieron, informando que tanto la fuerza como la calidad muscular disminuyeron significativamente en los que consumían la referida droga. La conclusión de los autores, por demás interesante, es que las EST disminuyen la fuerza muscular en individuos mayores y que esta disminución es reversible con el cese del tratamiento.

Analizando el impacto sobre el territorio aeróbico, ha sido informado que la terapia con EST produjo una aptitud significativamente menor en los pacientes miopáticos, atribuyéndose esto a la inactividad física de ellos, producto de la miopatía.

A todo esto merece darse también alta consideración a la observación hecha por Krishnan sobre el llamado intercambio respiratorio (RER), que refleja indirectamente la participación de las grasas y los carbohidratos en situación de reposo. De recordar es que el RER disminuye con la oxidación de las grasas y aumenta a medida que los carbohidratos se usan como combustible. Estudiando al mismo, se pudo apreciar que aumentó con la terapia con EST en los sujetos normales (0.75 ± 0.02 a 0.86 ± 0.06), y también fue elevada en los pacientes miopáticos sin tratamiento con EST (0.90 ± 0.07) (Krishnan GM, Thompson PD. The effects of statins on skeletal muscle strength and exercise performance. Curr Opin Lipidol. 2010). Los autores interpretaron sus hallazgos como que las EST afectan el metabolismo de las grasas en pacientes sanos incrementando el uso de azúcares para la resíntesis de ATP, y que los que padecen miopatía tienen una anormalidad, previa al tratamiento, en el metabolismo de las grasas, la que se ve exacerbada por la terapia con la referida droga, lo que conduce a las quejas musculares. Simplificando, el uso de EST potencia el uso energético de carbohidratos en detrimento de las grasas. Contradicciones metabólicas y médicas, si las hay.

Por lo documentado hasta acá, y analizando la tan vieja propuesta para disminuir el colesterol como es la de “salga a caminar todos los días para bajarlo”, da la impresión que varias páginas de la ciencia no se leyeron últimamente. Tampoco sobre los beneficios del entrenamiento de la fuerza asociados a la salud muscular así como sobre el perfil lipoproteico. Pero quizás, lo más alarmante, es que muchos sigan enemistados con la fuerza de la masa muscular del paciente, convencidos que el tratamiento pasa por el territorio aeróbico ya que este “atiende al sistema cardiocirculatorio”, algo que no solo no lo mejora, además potencia su enfermedad porque la salud del mismo depende de la masa muscular, no de estrategias de autoayuda.

Fuente: https://g-se.com/estatinas-en-la-atencion-del-colesterol-elevado-bp-55a421384dddfc

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